Wednesday, February 22, 2006

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Las tres cabezas del cancerbero empezaron a decir miles de cosas. Mis recuerdos estaban allí: cosas que escuché de todo el mundo, viejas conversaciones que había olvidado, las frases más insignificantes, las frases más trascendentales. También mi propio grito cuando supe que había perdido a mi hijo.

5 comments:

Martín Zúñiga said...

hermano, primo
acabo de colgar un cuentito
chekealo y ke le aprecio
abrazos
http://talleresartesano.blogspot.com/2006/02/el-verano.html

Qymera said...

En la cima de un monte, otro, por obediencia y a filo de cuchillo, trató de perder al suyo: su fidelidad salvó al niño. ¿Ha sido tu desarraigo Horacio lo que te ha llevado a perder el tuyo?

Qymera said...
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PELO-PON-ESO said...

ese cancerbero locaso.
Te felicito por la historia.
Invitalo al casino a Cancerbero, te apuesto que le crece la cuarta cabeza
jajaja
saludos men

Qymera said...

Heráclito decía que un hombre no puede meterse al mismo río dos veces. Osho decía que tampoco podría ser el mismo hombre el que se metiese. Borges decía que si tomaba un puñado de arena en el desierto y la arrojaba más allá, el desierto ya no era el mismo, habría cambiado. Y yo me pregunto: ¿por qué querer que las cosas sean las mismas siempre? ¿por qué debemos permanecer en el agua, la arena y el tiempo? o por qué debemos dejar nuestra huella en todo y deseamos que las cosas no sean más allá de nosotros?